Se perdió la honradez en los campos de naranjas

Ayer la OCU publicaba un tuit donde señalaba la relación entre el precio de la naranja en el supermercado y el que percibe el agricultor. Mucho se ha escrito sobre el tema y, seamos sinceros, la falta de datos fiables hace que la discusión no tenga una verdad absoluta. Vamos a ver si en este post podemos sacar alguna conclusión.

La OCU señala, según datos del Ministerio, que el agricultor percibe el 29% del precio que se paga al comprar una naranja en un supermercado, frutería etc quedando el resto para los intermediarios. Desde la cuenta de twitter de Naranjas al Día les indicamos que nos parecía poco. Así empezó una conversación que por twitter es complicadísimo poder explicar.

Por la experiencia que tenemos, en la zona, el precio medio de venta está siendo 2,5 €/@ (equivale a 12,8kg) mientras que en los supermercados y fruterías estamos viendo cómo el precio oscila entro los 0,89 €/kg o supera el umbral del euro por kilo de naranjas lo que haría que el porcentaje bajara al 21%. Como decimos, la falta de datos fiables no nos permite hacer un estudio acertado de la situación aunque aceptamos como bueno el del Ministerio que nos presentaba la OCU.

Ahora bien. Con los años la situación del campo y su comercialización está cambiando de una forma abismal. Las nuevas generaciones que estamos entrando en la agricultura intentamos absorber todos los conocimientos posibles de nuestros padres para cultivar las naranjas y mandarinas de sus campos, que algún día serán de nosotros y en el futuro de nuestros hijos.

Nuestros padres y abuelos siguen con la misma ilusión de siempre cuando trabajan el campo: cuando van a podar, a regar (hoy en día a controlar el ordenador del riego por goteo), aclarir, empeltar, abonar… pero cuando llega la hora de vender las naranjas y mandarinas les cambia el semblante.

Se perdió la honradez en el campo

Es la frase más repetida. No hace mucho tiempo los acuerdos se firmaban con un apretón de manos. A tanto el cajón, la arroba o el kilo y, una vez recogida se pagaba y listo. Otra frase que hoy no escuchas:

Antes el almacén podía perder dinero cuando te compraba la naranja

Explicamos esto. En un árbol no toda la naranja es comercialla naranja se puede ver afectada por el granizo, la mosca o cualquier tipo de plaga… Puede haber falta de agua y que el riego haga que el calibre sea muy pequeño… Muchas veces, el agricultor vende las naranjas con más de un mes de antelación, por lo que, entre la venta y la recolección, puede ocurrir de todo.

Antiguamente, cunado el comercio te compraba las naranjas, te recogía todas las que estaban en el árbol y, en el almacén, ya veían las que podían comercializar como primera, segunda o las desechaban para zumo… Pero te las pagaban todas al mismo precio. Por eso, si el destrío era muy alto, podían llegar a perder dinero.

El agricultor le hacía una rebaja

En estas situaciones, el agricultor podía hacerle una rebaja en el precio acordado de forma que el comercio tuviera rentabilidad y las relaciones entre comerciante y agricultor fueran buenas para años siguientes.

Hoy, esta situación ha cambiado mucho. Los comerciantes y agricultores llegan a un acuerdo en el precio. El apretón de manos pasa a un contrato base que, si la cosa sigue así habrá que detallar hasta la última coma. Y en la recolección ocurre lo que nuestros padres ya no quieren ni ver.

En el campo se hace la primera selección según aspecto y calibre. La “cuadrilla” ya va aleccionada por el jefe y toda aquella naranja que no es apta es tirada al suelo. Práctica desleal ya que esta se pudre antes que si permanece en el árbol. La misma “cuadrilla”, una vez ha acabado te dice: “Antes de que se pudra, la recogemos y nos la llevamos a la peladora (zumos industriales)”.

Cuando un agricultor vende su naranja, no siempre todos los cajones son pesados antes de subir al camión, (el agricultor tendría que estar presente durante toda la recolección y ralentiza el proceso… cuantas más horas mayor coste) por lo que la recolección se suele contabilizar por cajones. He aquí otra trampa. Ningún cajón suele pesar menos del peso acordado.

Es decir, si en un cajón deberían de ir 20 kg de naranjas, estos suelen pesar de más. Si se recogen en un campo 1000 cajones y en estos habían 2 kilos de más por cajón, estamos hablando de 2000 kilos de naranjas que el agricultor le regala al comercio. Puede llegar a asumirse.

Ya en el almacén, donde el agricultor no tiene potestad, se hace la segunda selección (que toda la vida se ha hecho como hemos visto anteriormente). La diferencia es cuando le llega el cheque al agricultor (en algunas ocasiones pasados los 6 meses). Estos ven atónitos como los mil cajones que tenían contabilizados han pasado a ser 850 o 900. Otros 2000 kilos que ha conseguido gratis el almacén.

Así, el almacén se lleva más fruta de la que le paga al agricultor con el consiguiente beneficio para uno y pérdida para otro.

Conectar al agricultor con el consumidor final

Las nuevas generaciones dan el salto a la comercialización online para controlar todo el proceso. El de producción y el de venta. Las nuevas tecnologías hacen posible conectar al agricultor con el consumidor final. Y es el agricultor el que trata directamente con los intermediarios, que no desaparecen, se transforman.

El agricultor pasa a tratar con unos intermediarios que pueden ser las agencias de transporte, de publicidad, webs de ofertas… y con otras empresas necesarias para la distribución como las de embalajes.

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